Chapo Guzmán: un sociópata desnuda al Estado mexicano


fuga_del_chapo_guzman_afp_0Él conoce bien esta trama. La historia del hombre más peligroso de México. Me lo hace notar un par de veces, cuando llama mi atención a ciertos detalles que no capto, que quizá no hayan captado muchos en los registros de la fuga de Joaquín Archivaldo Guzmán Loera, el Chapo:

– ¡Fíjate bien! ¡Fíjate!  En el minuto 20:50 con 51… el plan ya tiene un retraso. El Chapo se aguanta por lo menos un minuto en la letrina, pero está viendo de reojo, ansioso, con la cabeza girando a tres cuartos, hacia el cubo de la regadera. ¿Lo ves? ¿Lo ves o no lo ves?

– Sí parece…

– ¡No parece… obsérvalo bien! En el minuto 51 con 14 va hacia la regadera… mira hacia abajo. Velo. No encuentra nada pero parece que ya está escuchando ruidos bajo la loza. Su cara ve al suelo. Cualquier análisis de lenguaje corporal va a confirmarlo: está ansioso por la espera.

Y sí. Eso parece: el Chapo está a la espera de que alguien lo ayude.

A ese hombre, que vemos en el video difundido por la Secretaría de Gobernación, lo podemos hacer repetir sus pasos uno a uno: termina de mingir en el minuto 51:08 de las ocho de la noche. Se lleva las manos a la bragueta. Entra al cubo de la regadera. Mira hacia abajo y sale de ese espacio. Dos pasos exactos y se jala el pantalón por la cintura. Otros dos pasos y llega hasta el camastro.

Casi podemos adivinar el sonido de sus chanclas barriendo el suelo. Su angustia. En los pasos seis y siete da la vuelta. Al doceavo ya está de nuevo ante la letrina a ras de suelo. Oprime el botón del agua. Mira hacia la regadera. Y espera. Encorvado. Cabizbajo. Greñudo. Como quien aguarda por la noticia de un parto anhelado, el Chapo espera.

Porque antes de que llegue la ayuda, sin esa fuerza exterior que lo rescata, lo libera, el Chapo es un hombre encorvado, un gorrión atrapado entre el cubo de la regadera y las rejas de su celda.

-Cuando vuelve hacia el cubo de la regadera y se agacha, el cuerpo de vigilancia y monitoreo debió alertarse: son aproximadamente 30 segundos, a una hora en que no está permitido el aseo personal- dice mi fuente. Quiere explicarme su indicio: el plan para liberar al Chapo ha debido contar con participación interna y externa, y la procuraduría está abocada a descubrirlo. A pesar del descrédito.

Son casi diez minutos antes de las nueve de la noche del sábado. Si el plan se retrasa más, a las nueve será imposible que el Chapo continúe levantado sin despertar sospechas.

Pero lo que ocurre inmediatamente después, al minuto 20:52, para una autoridad alerta, debieron ser los signos claros de lo inusual:

chapo-guzman-capturaEl Chapo, que ha estado dando vueltas de su cama a la regadera, finalmente se asoma al cubo donde a diario se ha bañado, y unos segundos después sale del área, ya con una actitud corporal distinta: camina erguido. Decidido.

Con un paso lejos del aletargamiento previo, se sienta en el camastro y con la mano derecha saca un par de tenis. El zapato derecho primero. El izquierdo después. Con igual determinación camina por última vez hacia el cubo de la regadera. Va apurado. Al minuto 20:52:15 el hombre vuelve a agacharse en el cubo de la regadera. Siete segundos después con una mano jala una chamarra que cuelga del medio muro que divide la regadera de la letrina. Y se va.

-¿Y a qué hora se quita el brazalete?

– Es un dato que no tengo.

-¿Y ese iPad?

-No es una iPad, es una pantalla portátil que ya está siendo analizada. No se descarta que sea el instrumento con un chip de geolocalización que necesitaron para identificar las coordenadas precisas de su celda- dice mi fuente.

– ¿No lo revisaron?

– Tenemos registro de una revisión.

-¿Desde cuándo la tenía?

– Hay registro desde el año pasado. La introdujeron poco después de su ingreso. Se va a realizar peritaje a todo: a más de 13 mil horas de grabaciones, de la celda y de las áreas comunes, los registros de visitas, médicos, psicológicos, y todo lo que sea necesario.

-¿Ya se sabe cuánto tiempo ganó el Chapo desde que desapareció hasta que se activó la alerta? Reforma dice que 30 minutos- le digo. Hay un ejemplar de ese diario sobre nuestra mesa.

-Alrededor de 27 minutos. No más.

Quien dice esto, un hombre sin nombre, conoce a la perfección el trabajo profundo de investigación en la Procuraduría General de la República. Ha estado ahí desde que Jorge Carpizo era el procurador, en 1993. Alguna vez en las primeras filas. Ya no.

Cosas de un país de círculos viciosos: cuando él entró ahí, en la época de Carlos Salinas de Gortari, aprehendieron al Chapo por vez primera. Ha corrido mucho narco desde entonces.

El hombre, pues, sabe de procedimientos, de indicios. Y para comprobarlo me dice que la averiguación previa por la nueva escapatoria del narcotraficante más buscado en la historia moderna del país ya tiene un nombre. Se llama PGR/SEIDO/UEIDCS/348/2015. Y que nació el domingo 12 de julio, temprano por la mañana, con una línea de investigación precisa: la acción delictiva concertada en la evasión de interno.

Eso justamente: el Chapo no escapó del Penal de Máxima seguridad del Altiplano. Al Chapo lo ayudaron a escapar.

Porque, más que un héroe o antihéroe moderno, es una pieza, importante, sí, pero pieza al fin –prescindible, intercambiable, desechable- de una maquinaria más grande, fuerte y poderosa que él: el negocio internacional de las drogas.

155 centímetros de odio social

Pone el mapa sobre la mesa. Sobre éste, un plano tipo Guía Roji, va dibujando círculos pequeños, cada vez más pequeños, conforme enuncia los nombres: Cártel de Sinaloa, Los Zetas, Cártel del Golfo, Cártel de Tijuana, hermanos Beltrán Leyva, el de Juárez, los Caballeros Templarios, la Familia Michoacana y Cártel Jalisco Nueva Generación. Nada escapa a esos círculos. Estamos todos atrapados en ellos.

Los amplios territorios que hace 20 años controlaban los viejos cárteles de Amado Carrillo, los Arellano Félix o el propio Chapo, se han fragmentado a tal grado, en tantos círculos, que el mapa es ahora una piscina de aros pequeños como dibujados por un niño. Diminutos. Terribles.

De aquellas leyendas del narco, Benjamín Arellano Félix, Amado Carrillo El Señor de los Cielos, Miguel Ángel Félix Gallardo, Ernesto Don Neto Fonseca, Alcides Magaña El Metro, Jesús Chuy Labra, Ismael El Mayel Higuera, incluso Rafael Caro Quintero, sólo queda en pie el Chapo. Y su reino aunque fragmentado, aún es poderoso.

Los reportes de inteligencia de la PGR, igual que los análisis de organismos como la DEA, encontraron que, tras la caída del Chapo, esa pulverización de mandos se agudizó, porque en el Cártel de Sinaloa hubo una sucesión de mandos para establecer un poder bicéfalo con Ismael El Mayo Zambada y Juan José Esparragoza, El Azul como cabezas visibles. A ese poderío se sumaron los hijos del Chapo.

Al mismo tiempo que se fragmenta el negocio, la situación contribuye a prolongar la ya demasiado larga temporada de enfrentamientos sangrientos, salvajes, entre los cárteles.

El negocio es inmenso. Y no sobra el calificativo. Sólo un dato:

Cuando aprehenden a Osiel Cárdenas Guillén, el Chapo intenta hacerse del control del cártel y de la plaza de Nuevo Laredo. Enfrentado con los Zetas, la carnicería que hay entonces en esa zona es tal, que el rojo en Tamaulipas no puede ser costra todavía.

¿El Chapo decidió esa confrontación?

Según su propia versión, sí.

Toda una osadía. Porque la osadía es signo sobresaliente del Chapo. Un ser vengativo, calculador, como lo describe su perfil criminológico elaborado por la PGR: 155 centímetros de odio contra la sociedad.

De alta peligrosidad, hábil planificador, organizador y negociador, es tenaz, obsesivo, porque tiene un profundo sentimiento de inferioridad, producto de su estatura “que refleja mediante una expresión de superioridad intelectual y de ambición desmedida por el poder”.

¿Pero el Chapo es particularmente ese monstruo inteligente, analítico y eficaz que parecen exponer sus muchos retratos?

Mi fuente responde que no. Que particularmente no. Astucia promedio. Ambición grande, pero inteligencia media. Porque, en todo caso, es una pieza fundamental, pero pieza al fin, de un engranaje más complejo que lo requiere, pero que puede llegar a sustituirlo si es preciso. Como ha ocurrido antes.

Cuando un colega periodista le pregunta eso al ex director del CISEN, Guillermo Valdés, éste considera fundamental un dato: de la época en que el Chapo se hace cargo del cártel de Sinaloa, los años 80, sólo queda un narcotraficante famoso en pie: él.

-El Chapo es una gente que ha conducido su organización a ser una de las más poderosas, más longevas, lo que te habla de una capacidad de dirección excepcional. Tú ponte a ver las organizaciones del narcotráfico que nacieron, las que conocemos, en 1989, el cártel de Tijuana, el de Juárez, el del Golfo, el del Milenio, el de Michoacán, el de los Amezcua, y el de Sinaloa, ¿cuáles quedan?- se pregunta Valdés.

-El de Sinaloa- le revira el reportero Guillermo Rivera.

-Eso te habla de una conducción y una dirección que pueden no ser responsabilidad única y exclusiva del Chapo, pero él sí es uno de los líderes. Entonces, esto te dice que este señor tiene una estrategia inteligente que ha permitido crecer y permanecer a su organización. Entonces, no es un tipo que actúe… por ejemplo, al Chapo tú lo no vas a ver o no lo hemos visto, atacando al Ejército, como ha hecho el cártel Nueva Generación. O sea, sabe que si se mete con el Ejército de esa manera y los humilla, el Ejército y las fuerzas federales lo van a atacar sin misericordia. Y no le conviene a su negocio. Y el Chapo no anda como Los Zetas, secuestrando y extorsionando gente.130520172938-el-chapo-guzman-illustration-story-top

-Sólo se dedica al negocio del narcotráfico.

-Así es, fabricar y exportar. Es listo- dice Valdés, encargado del trabajo de Inteligencia en el sexenio de Felipe Calderón, el de la sangre y de la muerte.

Más Valdés tiene un pero. A la inteligencia, que la tiene, el Chapo ha sabido sumar otro factor: la corrupción en las estructuras encargadas de luchar contra el narco.

-Eso es lo que está pasando, lo que estamos viendo. Aquí a veces la inteligencia es… cuando en el gobierno hay descuido, corrupción, con un poco de inteligencia y recurso pues resulta esto.

¿Es así como el hombre nacido en Culiacán, que apenas cursó hasta el sexto grado de primaria, el padre de por lo menos 16 hijos, llegó a erigirse en el criminal más poderoso en la historia de México?

El hombre que una vez logró capturarlo, el general en retiro Jorge Carrillo Olea, tiene una respuesta.

Las tres claves del poder del narco

Con esta secuencia, bien puede comenzar una película biográfica del Chapo:

Es el mediodía del 9 de junio de 1993. En el puente internacional del Talismán, una zona semitropical de lluvias constantes tres cuartas partes del año, sobre la margen izquierda del río Suchiate hay perros flacos, vendedores de maíz, policías sin ánimo, algunas mujeres y niños refrescándose el bochorno y nada más. Absolutamente nada más.

A unos cuantos kilómetros de ahí, en Tapachula, Chiapas, un impresionante operativo de más de 300 elementos de la policía judicial mexicana, que entonces se llamaba así, Policía Judicial, cerca el perímetro de las calles Tercera y Quinta Oriente.

Justo en el número 10 de esa calle, un pelotón aprehende, en uno de los patios colmados de flamboyanes y limoneros, a un hombre joven, de baja estatura, que dice llamarse Joaquín. No opone resistencia.

La policía lo busca desde días atrás por su responsabilidad en el homicidio de un cardenal, el católico Juan Jesús Posadas Ocampo.

Pero por un azar que la historia no termina aún de desentrañar, no se hará pública su captura, sino hasta un par de días después.

¿Qué lleva a las autoridades mexicanas a informar que la detención del Chapo ocurre en la frontera con Guatemala y no en Tapachula, como atestiguan cientos de personas, incluidos el Ejército y gobierno guatemaltecos?

No se sabe. La versión oficial –y ya sabemos cómo se las gastan los oficiales para hacer sus versiones- es que una delegación de militares guatemaltecos aprehende al Chapo y lo entregan, ese mediodía del 9 de junio, en uno de los márgenes del Suchiate, en Frontera Talismán, a una delegación mexicana que está encabezada por otro nombre legendario: Jorge Carrillo Olea.

-El Chapo será muy inteligente, pero no más que usted… usted sí lo atrapó- le digo al teléfono.

-No… no, válgame… a mi me gustaría que no pusiera usted eso. Fue un sistema el que lo capturó. Un sistema de inteligencia y operación policiaca… que ya fue destruido- dice.

Al otro lado del teléfono, el general en retiro suena fatigado, en el hastío.

Han pasado unas horas desde la fuga del Chapo. Carrillo Olea quiere ayudarme a entender las implicaciones del hecho, pero sobre todo necesito que me diga si ésta fuga es el hecho de un hombre o de una estructura.

-Necesitaba haber contratado un despacho de ingeniería para que pudiera hacer todo lo que hicieron ahí… ¿Cuántas comunicaciones, que no se intervinieron, fueron necesarias para poder producir eso? Hay un enorme misterio. Por eso percibo al gobierno, más que preocupado, enojado…- dice. Se refiere a lo ocurrido en Almoloya. En el Penal del Altiplano, pues. A la fuga del Chapo, que para él no es una burla al Estado, sino una consecuencia de factores.

-¿El Chapo es un estratega?

-Mire, tiene uno que encontrar uno en sus propios planteamientos. Hay talento, sí, hay capacidad organizativa, hay muchos recursos comprometidos. ¿Qué hay detrás? Un ser particularmente inteligente… pero que en la circunstancia también… ¡híjole! Si me pregunta sobre las causas de todo eso… yo veo tres: falta de inteligencia, falta de profesionalismo y corrupción… son el coctel demoníaco de las drogas en México

Es directo. Esa condición de ser de leyenda –claroscura- en la historia política mexicana.

-El propio gobierno. El gobierno destruyó su obra, como el Sísifo que sube la gran piedra a la montaña y la rueda para abajo todos los días… así el gobierno: construyó un aparato sin parangón, un aparato de inteligencia y vigilancia lo desmantelaron. Entonces, a 10 días del asesinato del cardenal el señor Chapo estaba tras las rejas. Y ahora pasamos 10 años para pescarlo…  y al año y medio se nos pela.

– ¿El señor Guzmán sea particularmente inteligente?

-¡Híjole!… pues, si a resultados vamos, tendría que decir sí… si comparamos resultados. A algunos les han cargado 80 años, a otros ya los extraditaron a Estados Unidos, otro ya se murió, otro no sé qué, otro no se cuánto… y este pues nos ha parado de cabeza desde hace casi 30 años… ¡nos ha parado de cabeza desde hace 30 años!

-¿Pero, es inteligente?- le insisto.

Carrillo dice sí. Lacónico. Pero vuelve a su idea central. No hay delincuente hábil para una estructura de inteligencia bien montada. Un sistema fue el que lo pescó y lo metió a la cárcel. Ese sistema fue destruido. “¿Dónde quedó el CENDRO? ¿Dónde quedó? ¡Lo desbarataron! Lo convirtieron en una fiscalía y en una agencia y en una AFI… y lo desbarataron”, dice.

Y los costos de ese desbaratamiento están a la vista de un agujero justo en la regadera de la celda 20 del Penal de máxima seguridad del Altiplano.

Un sociópata suelto… otra vez

La fuga del Chapo Guzmán desata, en apenas unos días, una cadena interminable de reacciones furibundas, acrecentadas en gran medida por un hecho: la ausencia del presidente Enrique Peña Nieto y de la mayoría de sus secretarios de Estado.

Esa crisis de la que habla Carrillo Olea, en las redes sociales, en los diarios, en las calles, se entiende simplemente como una falla total de las instituciones del Estado y de un gobierno torpe, cuando no pasmado.

A los titubeos del secretario de Gobernación, Miguel Ángel Osorio Chong, quien no atina a dar respuesta precisa a los múltiples señalamientos de inconsistencias, se suma una errática procuradora Arely Gómez, quien con una sola frase, “¿No me veo?”, resume su actuación.

Un hombre que conoce a profundidad los mecanismos de la seguridad nacional, Alejandro Hope, alerta sobre un peligro inminente:

-Si este personaje, Joaquín Guzmán, logró una escapatoria, una fuga de esta naturaleza con estas características, significa que se mantuvo en contacto con el exterior de manera muy fluida, lo cual probablemente implique que mantuvo buena parte del control sobre la organización. No debe de haber mayor variación con este hombre dentro y fuera de la cárcel.

No hay margen para la duda. Si el Chapo está libre, el peligro es real, nítido.

-¿Cómo se escapó el Chapo? Por la corrupción. Escapó por un túnel de un kilómetro y medio de largo, lo suficientemente ancho como para que cupiera una motocicleta, y terminaba en uno de los pocos puntos ciegos en la prisión más segura de México. ¿Cómo se puede hacer eso sin un alto nivel de corrupción? Es evidente la situación.

Igual que expresó Carrillo Olea, igual que dijo Guillermo Valdés y la fuente de la PGR, el poderío del Chapo radica más en esa maquinaria de la que es parte, que de su inteligencia misma.

-Derrotó al Estado, derrotó al país. Esto debería de generar un sentido de urgencia, esto, un sentido de urgencia para transformar las instituciones del Estado. O sea, esta vergüenza tendríamos que transformarla en un llamado de acción- dice a Guillermo Rivera.

Y hoy es posible prever que el Chapo, nuevamente en libertad, dispute el territorio al Cártel de Jalisco Nueva Generación. Es previsible, pero seguramente primero hará ajustes en su círculo de lealtades… y eso significa sangre, como alertan los reporte de inteligencia.

Sangre, porque el negocio es global y multimillonario. Y compra a distribuidores, protectores, fiscalizadores, gobernantes, legisladores. A reyes y a dictadores.

Sólo así me queda clara, completamente clara, la idea aquella de mi fuente: el engranaje que mueve anualmente más de 400 mil millones de dólares necesita de esa pieza que es Chapo, de su leyenda, para aceitar su negocio: el hombre que “derrotó dos veces al Estado mexicano”. El “señor de los túneles”. El “asesino de más de tres mil” personas. El “implacable cerebro del mal”. El “seductor”. El espléndido “Robin Hood de la sierra”. El “#701 de Forbes”. El “analítico”. El “Jefe”.

El mito. Aunque su fama pueda resumirse en una frase, como dice Alejandro Hope:

-La primera palabra que describe al Chapo es sociópata. Después, lo que quieras. Pero esa tiene que ser la primera. Más que líder, es un asesino, sociópata. Debe miles de vidas. Es un asesino, un asesino. Todo lo demás surge ahí. Y no se necesita ser muy inteligente para ser asesino: hay bestias que matan.♠

PUBLICADO EN EMEEQUIS

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